Podríamos comparar las fases lunares con las del amor. Por un lado, contamos con un fenómeno astrológico que hace que crezca el tamaño de nuestra vista al único satélite de nuestro planeta a medida que cambia su posición con respecto a la Tierra y el Sol. Por el otro, el amor también va cambiando de forma, de tamaño y de visibilidad ante nuestros ojos. Experimentamos cambios en nuestros sentimientos y emociones hacia otra persona, los vemos crecer y cambiar física y espiritualmente, arriesgándome a decir que elegimos enamorarnos día a día a lo largo del tiempo.

El ciclo completo de lunación tarda 29,53 días. El ciclo del amor no conoce de tiempos, simplemente sucede, madura, se afirma, se debilita. Continúa o deja de hacerlo. 

Luna llena de Aki Shimazaki (Tusquets, 2022) se nos presenta como novedad editorial muy reciente y, personalmente, mi primer acercamiento a esta autora que es nacida en Japón pero radicada desde 1981 en Montreal, Canadá. Escribe en francés historias sobre oriente y en esa fusión de culturas se conciben relatos exquisitos. El libro tiene 165 páginas y un necesario glosario al final que nos adentra en el mundo creado por Shimazaki

Fujiko y Tetsuo Niré son una pareja jubilada en un retiro para persona de la tercera edad que cuenta con todas las comodidades para disfrutar de este período de sus vidas. El escenario de sus días es la ciudad japonesa de Yonago, donde deciden instalarse tras el diagnóstico que recibe Fujiko de Alzheimer. Un día la anciana despierta y no recuerda que Tetsuo es su marido. Una enfermera logra convencerla de que es su novio y acepta quedarse en el mismo cuarto que él pero separados por un biombo.

Un secreto familiar es develado por Fujiko en medio de sus confusos recuerdos. Una noche de luna llena un hecho cambiaría la vida de su familia para siempre. Como las fases de la luna, el amor entre Fujiko y Tetsuo cambia una vez más, a pesar de los años, y necesitan volver a encontrarse para poder reafirmar dicho amor. Esta vez es Tetsuo quien tiene que encontrar la forma de sostener el amor dado que Fujiko se ve despojada de muchos de sus recuerdos y facultades. 

Su memoria selectiva es engañosa. Después de tantos años ¿Por qué tuvo que develar un secreto precisamente en ese momento?

“Desde que he vuelto a ser su novio, Fujiko está tranquila y me repite sin cesar <Gracias Tetsuo-san. Es usted muy amable>. Su tono es sincero. ¿Aceptará <casarse> conmigo? Si aceptara, será mi última oportunidad para crear un vínculo conyugal con ella.”

A lo largo del relato contamos con la presencia de las cigarras, insectos que viven muy poco en la superficie, para recordarnos que la vida es efímera. Fujiko parece recordar poco de su pasado pero mucho acerca de las cigarras, como si le hubieran enseñado una verdad que trasciende todo lo vivido. 

“Mi mujer me pregunta:

– Vivir, ¿qué significa para usted?

(…)

– Para mí es amar y ser amado. Si nos casamos, quiero que nos amemos toda la vida.”

Esta última respuesta la da la misma Fujiko.

Luna llena nos invita a reflexionar sobre la tercera edad, el matrimonio, el amor y el paso del tiempo.

Melina Rubio

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