Algunos se los hacen llegar desde otras ciudades turcas, explica, mientras que hay capitalinos que los tiran ahora en bolsas de plástico separadas del resto de los desperdicios para facilitar la tarea de los recolectores.

El dirigente aclaró que por el momento no hay ningún proyecto de ampliación del espacio, pero que ya se están estudiando otras posibilidades para reutilizar los libros abandonados.  En este sentido, adelantó que su proyecto es poner en marcha a partir de este año una biblioteca móvil para visitar las escuelas de Ankara cada quince días. Algunos centros escolares que no tienen libros ya han contactado con Urtekin.

Esas visitas escolares también serán musicales, con un grupo de 11 trabajadores que tocan música con cubos vacíos y viejos trozos de metal: el grupo nació casi al mismo tiempo que la biblioteca, según Urtekin, con el mismo espíritu de hallar otras actividades en torno al trabajo. “Estamos felices -concluyó el gestor-. Esto nos ha dado una nueva identidad”.